Por otra parte, estos sistemas estrictos de formulación de ración, no tienen en cuenta los efectos sobre la distribución de los nutrientes entre la leche y los tejidos, así como las producciones individuales de la grasa, proteína y lactosa. Esta última condición es una limitante importante, pues los componentes de la leche, hoy en día, son los que determinan su valor comercial. Para estos días donde nos piden modernización y homologación de los productos, tenemos que establecer y reconocer un nuevo manejo alimentario para el ganado vacuno de leche y/o carne, donde se debe intentar predecir fundamentalmente, la ingestión voluntaria de alimentos, su distribución por metabolismo, la calidad en la producción de leche y la formación de tejidos, la cantidad de grasa, proteína, lactosa, minerales, vitaminas, etc., en relación con los efectos de la alimentación a largo plazo.
Todo lo que hagamos dentro de los sistemas alimentarios deben considerar la voluntad del animal, sus necesidades y su proyección como activo productivo, valorándolo además económicamente en sus respuestas.
En nuestros ecosistemas tropicales ese manejo alimentario, debe considerar que los sistemas pastoriles son básicos, que deben aportar la mayor cantidad posible de nutrientes al animal y que permita agronómicamente mantener el cultivo en sus máximas respuestas y con ciclos de pastoreo bien manejados. En la medida que hemos ingresado a los sistemas de producción intensivos, no solamente por unidad de área, sino por respuesta individual, debemos estudiar, modernizar y aplicar metodologías que garanticen que el cultivo de forrajeras sea el recurso más importante en la nutrición animal.
Las pasturas, su manejo, su participación en la ración y la voluntad animal en libertad de consumo, hacen que nuestros sistemas productivos sean más eficientes, rentables y duraderos, factores estos que hoy en día debemos tener en cuenta para la conservación del negocio ganadero. No se quiere decir que en e manejo alimentario no exista la suplementación de nutrientes; éstos suplementos deben ser suministrados al animal en calidad y cantidad, de lo que no sea capaz el cultivo forrajero y su aporte nutricional. Por estas razones Nutrir los forrajes y nutrir los animales es una obligacion del productor.
En la presentación de este tema en el Congreso, se detallará la nutrición vegetal de los forrajes relacionada al aporte nutricional para el consumo voluntario por parte del animal.
A propósito del consumo voluntario, debemos decir que es el factor más importante a tener en cuenta en la productividad pecuaria, otros parámetros que miden la respuesta animal son producto de esta actividad. De aquí se deriva que el comportamiento animal medido en litros vaca/ dia, indice de fertilidad, picos de produccion, ganancias de peso, balance energetico negativo, etc., dependen exclusivamente del factor: consumo voluntario del animal. Hoy en día y curiosamente, estamos insistiendo en que nuestros animales coman más, con demostraciones técnicas donde concluimos que los animales han venido siendo manejados con hambre escondida, fundamentalmente por tratar de sustituir el consumo de pasturas o forrajes fibrosos; aquí todavía creemos que el rumiante no maneja volúmenes sino productos de alta solución, así nuestro animal pierda vida útil. Es bueno recordar que el aparato digestivo de los rumiantes está anatómicamente diseñado para manejar volumetría, tiempo de digestión, fermentación y alta extracción de nutrientes de fibras que muchos consideran de bajo contenido nutricional porque no tienen las características de rápida resolución en aportes. También algunos han venido “descubriendo” que el rumiante consume forrajes en una alta proporción.
Así mismo, las transferencias de tecnología deben promover sistemas rentables con adecuación tecnológica, donde el análisis económico y costo social del medio donde se desarrollan los programas, sean una prioridad incuestionable. En nuestro medio tropical, la producción de leche y/o carne vacuna adolece de muchos inconvenientes técnicos que influyen negativamente en el desarrollo y fisiología animal, en el sistema pastoril como recurso natural, el mal uso de suelos y praderas y no tener objetivos de productividad que garanticen el retorno de la inversión en el sector. Algunos de éstos los podríamos resumir así:
- Desconocimiento y mal uso del suelo dedicado a la ganadería.
- Desconocimiento y mal uso del agua para el cultivo forrajero.
- Desconocimiento y uso inapropiado del cultivo de pasturas incluyendo la elección varietal.
- Importación sin reflexión técnica de recursos forrajeros no tropicales o de baja productividad.
- Uso de pasturas establecidas con desbalances nutricionales.
- Desconocimiento de la calidad del forraje.
- Desconocimiento de los requerimientos básicos nutricionales por parte de los bovinos en explotación. Aquí se hace énfasis en el mal manejo de la condición fisiológica del animal en relación al manejo alimentario.
- No hay planificación en la producción forrajera para reserva o almacenamiento y mucho menos, para la suplementación alimentaria al pastoreo.
- Ausencia parcial de un plan ordenado de control sanitario tanto en praderas como en animales, especificando el tema de plagas, parásitos, minerales, planes de vacunaciones preventivas, etc.
- Hacer consideraciones a la producción de leche y/o carne con exclusividad a un biotipo o modelo animal o raza bovina, invirtiendo de manera amplia en este aspecto (genético) por sobre un plan de manejo alimentario adecuado, ajustado y rentable a todas las etapas del desarrollo de la empresa ganadera.
Con los puntos anteriores, estamos generalizando una realidad que afortunadamente se está reconociendo, no solo por parte del productor, sino del profesional asesor, quien debe iniciar procesos de capacitación especializada, dedicación al sector, modernización y adecuación de procesos intensivos no solamente desde el punto de vista de la capacidad de explotación de los predios, sino de la capacidad de respuesta maxima del animal.
Los procesos en búsqueda de la productividad con rentabilidad pueden tomar la ruta de la intensificación de la producción tanto en forrajes como en animales, no basándose solamente en el predominio de una variedad de pasturas o razas especializadas de animales. Por el contrario, hay que reconocer que el crecimiento en respuestas biológicas es producto de manejos precisos, profesionales y especializados inherentes al negocio ganadero, el cual consiste en mejorar el nivel nutricional del inventario forrajero y animal, para producir más litros y/o kilogramos de productos en el menor tiempo, con el mismo o menor costo. Todo lo anterior se logra con el reconocimiento, conservación y uso estratégico de los recursos propios de la empresa ganadera.
Utilizacion eficiente de pasturas
Pautas para una buena explotación: Hoy necesitamos ciclos productivos más regularizados a los históricos, relacionando los ciclos vitales de los forrajes versus el ciclo vital del animal en explotación. No hay que desconocer que hoy el mercado tanto en leche como en carne pone y propone condiciones de calidad adecuadas a la salud pública y a las exigencias del mercado. (Trazabilidad).
La variabilidad para nuestra historia ganadera se ha ido caracterizando en respuestas animales bajas o muy bajas, en condiciones de pastoreo, donde se podría decir que es directamente proporcional a los cambios en la disponibilidad de pasturas, a la calidad y a la digestibilidad de este; hay casos donde siendo la pastura muy buena, la respuesta animal es baja (mal manejo de la carga). La utilización del forraje producido es tema de muchas propuestas de orden práctico, de adecuación al momento o a propuestas tecnológicas modernas (Sistemas pastoriles).
La continuidad en la explotación siempre dará más ventajas: El crecimiento controlado y continuo de las pasturas en relación al de los animales, permite resultados con mayores índices de productividad y rentabilidad. Aquí es donde se validan los procesos de un programa eficiente de pastoreo, suplementación y/o manejo alimentario.
- La empresa ganadera es un proceso de atención permanente: No solamente el productor y sus trabajadores, sino del técnico con el seguimiento a los proyectos, su medición y evaluación, sin olvidar la adecuación al medio donde se desarrolla.
- La gestión gerencial que permite las decisiones administrativas oportunas, el seguimiento y/o monitoreo del producto en desarrollo, y finalmente la evaluación económica del proceso.
- Acondicionar la explotación a sistemas productivos que generen plena identificación de los productos que estén en segmentos del mercado muy dinámico. (Leche y carne con valor agregado).
No olvidemos que una de las limitantes muy importantes es la derivada de la degradación de suelos y forrajes, pues con los años, los niveles de extracción relacionados a la carga animal, hacen que la bio-disponibilidad de nutrientes se reduzca hasta disminuir de forma importante la producción vegetal y animal. Las propuestas de transferencia de tecnología en este sentido y con adecuación al medio, nos permiten hoy acondicionar proyectos especializados para la explotación bovina.
Finalmente el análisis de las variables de los sistemas productivos, concluyen que la prioridad para lograr el éxito de cualquier explotación, tiende a maximizar la utilización del forraje disponible por parte del animal. Muchas propuestas pretender obviar el uso de suplementos o al menos maximizar su reducción, pretendiendo un beneficio económico adicional, muchas veces sin éxito. Hoy los sistemas reconocen no solamente la respuesta de la pastura en kilos por unidad de área, sino su capacidad alimentaria en términos de más kilos de leche y/o carne. Aquí tenemos la llave del éxito para favorecer y predecir en positivo el negocio ganadero.
Afortunadamente tenemos mucho en qué trabajar.
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